lunes, 28 de marzo de 2016

Sin Raíces



De tanto buscar el horizonte
perdí el rumbo
Me quedé vagando
entre sueños y lluviscas
con al abrazo partido
sin haber partido
con el silencio mudo
en la mudez del silencio
De tanto andar no anduve
De tanto anhelar
desperté un dia
con los brazos cansados
y las manos vacias

                                                                   Nora Ibarra
                                                         Florianópolis -Brasil 2016



martes, 1 de marzo de 2016

Hoy


Siento ganas de llorar
Por lo que soy
Por lo que fui
Por lo que no seré
Sendero nebuloso
Cenizas sin futuro


                                                                                       Nora Ibarra
                                                                                  Florianópolis 2016


jueves, 31 de diciembre de 2015

Necesito un helado


Necesito un helado
no porque me gustan
simplemente
A veces quiero volver
a aquel refugio
maravilloso
llamado infancia
Necesito un helado
no solo para satisfacer 
mis papilas
Necesito un helado
que reconforte
mi niña perdida
que me demuestre
que vendrán 
tiempos mejores

  

                                            Nora Ibarra
                                      Camboriú - Brasil - 31/12/2015

lunes, 9 de noviembre de 2015

Ecos


Ya no quedan encantos
ni susurros
No hay voces hesitantes
murmurando el halago
Apenas rastros tenues
delatan la mirada sensible
Recuerdos agri-dulces
palpitan desde el pasado
lo que fue
lo que pudo ser
el abrazo infructuoso
se resguarda en la sombra
de una evocación perdida,
profunda...inacabada

                                                                     
                                                                     Nora Ibarra
                                                        Curitiba-Brasil Noviembre 2015
                                           

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Aste Nagusia


                                           
Recuerdo que esa mañana en le dije a mi madre que no quería ir a la Fiesta Grande porque los Gargantúa me daban miedo.
Ella me prometió que no nos aceraríamos a ellos. Iríamos a ver las konparsas y al txosna donde mis tíos estarían vendiendo pastelitos de arroz y refrescos.
Por la tarde, fuimos con mi prima a jugar al huerto del abuelo. Adorábamos jugar en ese lugar que olía a albahaca fresca.
Esta vez en el juego de las escondidas se unieron Juanito y Luis, dos niños que vivían en la misma cuadra que nosotras.
Cuando estaba apoyada en el árbol contando, percibí alguien que había alguien detrás de mí. Giré y vi un hombre vestido de negro. Usaba un gorro pasamontañas que le cubría el rostro, dejándole al descubierto los ojos.
Antes que pudiera gritar  me tapó la boca con un paño hasta desvanecerme. Lo último que escuché fue la voz de mi prima pronunciando mi nombre.
Desperté sobre una cama atada de pies y manos. El cuarto donde me encontraba estaba en penumbras, apenas se distinguía la claridad filtrándose por una ventanilla.
No sabía dónde estaba ni cuánto tiempo dormí. La cabeza me latía de tal manera que creí que el corazón se me había mudado de lugar.
Escuché que alguien abría la puerta. Fingí estar dormida. Le vi dejar sobre la mesa un tazón, una caja de cereales y otra de leche. Luego me desató.
Me dejé vencer por el sueño que llegó suavemente como un balanceo de cuna. Me despabilé con el sonido del Badatos Marijaia. Entonces supe que la Semana Grande de Bilbao había comenzado.
Minutos después oí la fanfarria de las konparsas pasando muy cerca de la casa, tal vez por  la puerta de esta.  ¿Me preguntaba donde estaba yo? ¿Notarían mi ausencia en casa? ¿Estarían buscándome?
Nuevamente la puerta se abrió.  El hombre del pasamontañas entró y me dijo
−No has tomado tu leche con cereales. ¿Qué debemos hacer contigo? Hace veinte años que estás aquí con nosotros y siempre la misma historia. ¡Anda, come tus cereales!−


Lo miré y quise gritar pero la vos no me salía. Fue cuando escuché la voz de mamá
−¡Ana despierta! Has vuelto a tener otra pesadilla−
Abrí los ojos y vi que ella estaba a mi lado acariciándome
−No quiero ir a la Semana Grande mamá. Los Gargantúa me dan miedo−

       
                                                                      Nora Ibarra
                                                          Curitiba-Brasil. Septiembre 2013




miércoles, 21 de octubre de 2015

Grupo Extramuros: Único como París


Único como París



Imposible  hablar de ti sin que los recuerdos me lastimen. Duele evocar cuando juntos, las palabras se diluían en  caricias deslizadas entre los dedos ávidos.
 
Después, nos fundíamos en el abrazo confuso.
 
Triste hablar de tu sobresalto y mi asombro. Temerosos que la realidad nos arrebatase el anhelo obligándonos a volver cada uno a lo suyo.
 
En el desasosiego me escurría por el borde la sábana, como quien está agazapado frente a un abismo.
 
Yo  iba a bajar… estaba dispuesto a descender hasta lo más profundo  sin importarme nada.
 
Recorro con la mirada el cuarto que tantas veces nos albergó. El mismo que aún guarda nuestra esencia. Está cambiado, yo también. Tal vez  preguntes que pasó…dudo que lo preguntes… después de todos estos años.
 
Tu ternura me distanció y mi pasión no nos unió.  No fue el tiempo en el que transcurrimos, sino la intensidad de lo que vivimos que me trajo hasta aquí.
 
Ni tu mezquindad ni mis celos prevalecieron en esta historia anónima que mantuvimos sin secretos y en la que nos herimos tanto. Nos conocimos a destiempo y solo nos causamos contratiempos.
 
Muchas veces te odié. Por momentos quise destruirte al verte entera y distante. Tan dueña de tu vida sin pensar en la mía. Hundiéndome en el desamparo. Pero es inútil…ya no estás aquí…apenas el fantasma de lo que fuiste se aproxima a mí sonriente.
 
Recorre por última vez la habitación con la mirada. Cierra la puerta, dobla el papel con la carta y la guarda en el bolsillo del gabán.
 
Al salir a la calle el viento frio lo sacude.  Se siente absurdo. Venir a París para reprochar una relación que apenas existió en su mente.
 
Nadie tuvo la culpa, menos aún esa chiquilina que vivía embrollada en su mundo donde lo transformó en un experimento sin más ni más.
 
Se pregunta qué es lo que mantiene vivo el recuerdo de alguien que fue para con él infantil y egoísta.
 
La respuesta está en el exacto vértice donde los sentimientos ambiguos emergen y se unen para asentir  que uno también ama aquello que tanto odia.  Basta dar rienda suelta a un amor único como París.
 


Nora Ibarra
Dibujo: Andrés Carlos López